16-10-2008 | Noticias
UCR RECHAZA PRESUPUESTO
Debate en Diputados
En la sesión de la Cámara de Diputados de la Nación, anoche, miércoles 15 de octubre, se debatió y aprobó la Ley de Presupuesto. En el debate de la misma, el presidente del Bloque radical, Oscar Aguad (Córdoba) y los diputados Miguel Giubergia (Jujuy), Liliana Bayonzo (Chaco), Silvia Lemos (Mendoza), Alejandro Nieva (Jujuy) y Eduardo Kenny (La Pampa) fundamentaron el rechazo de la bancada.
A continuación transcribimos las intervenciones del vicepresidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara baja, Miguel Giubergia, y del titular del bloque, Oscar Aguad.
VERSION TAQUIGRAFICA
Sr. Giubergia.- Señor presidente: desde la Unión Cívica Radical presentamos nuestro dictamen, que dice en su artículo 1°: “Dispóngase la devolución al Poder Ejecutivo nacional del proyecto de ley de presupuesto de gastos y recursos de la Administración Nacional (expediente 11-J.G.M.-2008) a fin de proceder a su reformulación sobre bases objetivas y reales.” Esto lo planteamos en la Comisión de Presupuesto y Hacienda, cuando la semana pasada se nos dijo desde el bloque oficialista que iban a emitir dictamen.
Nosotros señalábamos que en las circunstancias por las que está atravesando el mundo, la profunda crisis no sólo es, como alguien dijo, el “efecto jazz”, sino que afecta a las economías de todos los países ya que los valores y las distintas pautas económicas y financieras han variado notablemente.
También planteábamos al bloque oficialista que nunca en la historia de este Parlamento se dio un plazo tan exiguo para tratar un proyecto de presupuesto, ya que si bien ingresó el 15 de septiembre recién pudimos acceder a los distintos instrumentos el día 17, cuando vino el señor ministro de Economía a brindarnos la información pertinente a esta casa.
Fue en esa oportunidad cuando le transmitimos que las pautas para la elaboración de este presupuesto por parte del Poder Ejecutivo se habían tenido en cuenta en otro contexto internacional y en otra época. Fue por eso que desde la oposición ofrecimos la posibilidad cierta de consensuar un proyecto de presupuesto entre todas las fuerzas políticas que componen este Parlamento, dado que en la actual crisis mundial se hace necesario que la República Argentina dé señales de que aquí se respetan los derechos y de que existe la voluntad de defender los intereses de los que menos tienen, de nuestros productores y de nuestros industriales.
Lamentablemente, todo esto no fue escuchado y fue por eso que elaboramos otro dictamen. No estamos en la oposición para poner palos en la rueda; nosotros, los radicales, sabemos claramente que un gobierno sin presupuesto no puede funcionar. Lo sabemos porque esto nos lo hicieron en 1966, cuando tuvo lugar el golpe de Estado en contra del mejor presidente de los argentinos, que fue el doctor Illia.
Entonces, decíamos que era necesario consensuar un presupuesto y nos ilusionábamos pensando en aquello que había dicho la señora presidenta en su campaña electoral: que iba a haber una mejor calidad institucional en la República, que se iba a tratar de sostener una institucionalidad en todo el concierto de la República Argentina. Lamentablemente, esto no ha ocurrido.
Allá por el año 2006 hemos visto cómo se dejó sin efecto el artículo 37 de la ley de Administración Financiera. Por eso, si en la votación en general logra tener aprobación el dictamen de mayoría, durante la consideración en particular del presente proyecto vamos a proponer la incorporación de dicho artículo, que señala: “La reglamentación establecerá los alcances y mecanismos para efectuar las modificaciones a la ley de este presupuesto general que resulten necesarias durante su ejecución. Quedarán reservadas al Congreso Nacional las decisiones que afecten el monto total del presupuesto y el monto del endeudamiento previsto así como los cambios que impliquen incrementar los gastos corrientes en detrimento de los gastos de capital o de las aplicaciones financieras que impliquen un cambio en la distribución de las finalidades”.
Es hora de que comencemos a dar muestras de institucionalidad. Digo esto porque vemos que en el manejo inexacto que se está haciendo de este presupuesto se mantiene nuevamente la conculcación de las instituciones. Por ejemplo, continúa la delegación de facultades del Poder Legislativo al Poder Ejecutivo, que sólo tiene como finalidad el aporte discrecional con fines netamente electorales. Y no solamente sigue vigente la ley de superpoderes sino que en el articulado de este proyecto que ha presentado el bloque oficialista se hacen más de treinta delegaciones.
Nosotros preguntábamos, a título de ejemplo, cómo es posible lo planteado en los artículos 21, 23 y 24 de este proyecto. En el artículo 21 se especifica la obra “Hidroeléctrica Cóndor Cliff”, que es necesaria en la Patagonia, pero no se puede exigir a los legisladores que terminemos firmando un cheque en blanco para que luego le asignen el monto que determine el jefe de Gabinete, como se dice en el articulado de este proyecto. Como esa, existen alrededor de otras treinta facultades legislativas en este proyecto. Esto no lo podemos permitir, señora presidenta.
Asimismo, sigue vigente la ley de emergencia económica, cuando permanentemente escuchamos a los miembros del Poder Ejecutivo y de la bancada oficialista hablar de los logros de este gobierno, que –según nos dicen- prácticamente ha terminado con la pobreza. Nosotros nos preguntamos con qué índices estarán midiendo los niveles de ocupación y de pobreza en la República Argentina, porque si se están utilizando los del INDEC, ya sabemos que ni siquiera el Ministerio de Infraestructura, Vivienda y Servicios Públicos de este mismo gobierno los cree. Por eso sacaron un índice propio.
Entonces, en esta situación no podemos actuar delegando más facultades. Sin embargo, en este proyecto continúa el avance sobre las instituciones, persiste el vaciamiento de facultades del Poder Legislativo y se sigue vulnerando la independencia de los poderes.
Señora presidenta: estamos legislando solamente de manera formal, porque tanto usted como el resto de los diputados sabemos que todas y cada una de las pautas macroeconómicas elevadas por el Poder Ejecutivo no se condicen en absoluto con la realidad.
Por ejemplo, en este proyecto de presupuesto que ustedes van a aprobar se habla de un dólar a 3,19 pesos durante todo el año 2009, cuando todos sabemos que esto es una ficción. También se nos dice que va a haber una inflación del 8 por ciento, y todos sabemos que esto no es verdad. Y ya sabemos lo que pasa cuando se subestiman los recursos en la República Argentina. Por ejemplo, en el período 2004/2008 se subestimó el incremento del PBI en un 20,3 por ciento, y la inflación minorista en ese mismo período se subestimó en un 32,5 por ciento. Esto significó una subestimación acumulada de los recursos totales –escuche bien la cifra, señora presidenta- de 191.539 millones de pesos y por obra y gracia de los superpoderes se asignaron más de 162.000 millones de pesos sin pasar por este Congreso, es decir, sin que el Congreso tuviera la facultad de analizar y evaluar esa decisión.
A los funcionarios que vinieron a informarnos al Congreso les preguntamos cómo era posible que en los presupuestos de esos años nosotros hayamos tenido pautas y asignado distintos recursos para las provincias de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Santa Cruz. Les preguntamos cómo era posible que entre los años 2004 y 2008 se hayan hecho tantas inversiones en materia vial en la provincia de Santa Cruz, mientras los recursos destinados a las provincias de Córdoba y Santa Fe sumados no alcanzan siquiera a igualar esos montos remitidos y asignados de esta manera discrecional.
Nosotros estamos en contra de ese modelo y hemos venido aquí, justamente, a decirle que no. Por eso también analizamos el tratamiento discrecional que se da a las provincias en este presupuesto, cuando vemos cómo está pautada la inversión por regiones: a la región Centro se destina el 39 por ciento de los gastos; a la región Patagónica, el 20 por ciento; a la región Noreste, el 16 por ciento; a la región Noroeste –de donde yo provengo- el 10 por ciento, y a la región Cuyo, el 5 por ciento. Estos números desnudan una política netamente centralista que agranda la brecha existente entre las provincias argentinas con esta macrocefalia en la que únicamente pareciera interesar la asignación de recursos allí donde están concentrados los votos, y no teniendo en cuenta la conformación y la generación de un plan que integre a la República Argentina desde La Quiaca hasta Ushuaia y desde Mendoza hasta Misiones.
Con respecto a la reestatización de Aerolíneas Argentinas –tema que ya fue debatido en este recinto-, los informes nos dicen que las pérdidas son de dos millones de dólares diarios. De esto se tiene que hacer cargo el Estado nacional, es decir, todos los argentinos.
Nos dicen que van a tener recursos por comercio exterior de 60.000 millones de pesos, de los cuales 44.000 millones van a ser por retenciones, pero nosotros sabemos que este presupuesto fue elaborado cuando la soja superaba la barrera de los 500 dólares, mientras hoy apenas llega a 320 dólares. Esto va a significar una caída en esa recaudación.
Además, en materia de comercio exterior se había tomado en cuenta el valor del barril de petróleo en más de 140 dólares y hoy apenas llega a los 80 dólares. Por su parte, en materia industrial se había tomado en consideración la exportación automotriz de la República Argentina, cuando –como se sabe- ya han decaído casi en un 25 por ciento los pedidos hacia el exterior. Me pregunto cómo piensan compensarlo, qué piensan hacer, cómo lo van a llevar.
La respuesta está en lo que van a hacer y en lo que ya comenzaron a hacer, subestimando la inflación. Consecuentemente, están subestimando la recaudación, tanto por IVA como por ganancias, y de esta manera van a querer igualar esos números, con lo que van a dejar de recaudar tanto en materia de retenciones como por el resto del comercio exterior.
Por eso, venimos a plantear que estas propuestas que hemos escuchado, fundamentalmente en materia de infraestructura, son discriminatorias y centralistas. Y analizando lo que se pretende hacer a partir de este proyecto para nosotros también son, si se quiere, retrógradas.
Basta citar la política vial: no hay una política vial que integre el territorio en forma equilibrada, que ocupe el territorio nacional y que fomente el desarrollo de toda la región.
Nosotros sólo tenemos el 20 por ciento de los caminos pavimentados, mientras que el otro 80 por ciento está conformado por caminos de ripio, mejorado y tierra. La transitabilidad permanente de los caminos de la República Argentina alcanza el 50 por ciento, y esto va en contra de la producción, también de los que menos tienen y en contra de la generación de fuentes de trabajo genuinas.
Decimos y planteamos que no existe una política de transporte en la República Argentina y que lo único que se hace desde la secretaría que maneja el señor Jaime, fundamentalmente, es distribuir subsidios a los empresarios amigos. Lo vemos no sólo en el autotransporte de pasajeros sino también en el tema de los ferrocarriles, donde sabemos y vemos cómo viajan nuestros conciudadanos tanto en el conurbano bonaerense como en la Capital Federal.
Porque nosotros ni siquiera tenemos tren, señora presidenta, ya que no se pone un solo peso para el ferrocarril General Belgrano, que es lo que estamos reclamando para llevar adelante nuestra producción en más de trece provincias y generar riqueza y fuentes de trabajo genuinas.
¿Cómo se distribuyen y manejan estos recursos? Se manejan directamente por parte del señor Jaime. ¿A quiénes los entrega y con qué control? Sabemos que estos recursos llegan únicamente para ir a engordar las riquezas de algunos amigos.
Podemos señalar el Programa 61 de este proyecto de presupuesto presentado por el bloque oficialista. Ahí se dice que la formulación y ejecución de políticas de transporte automotor del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios prevé transferir casi 3.000 millones de pesos en concepto de apoyo al transporte público automotor de pasajeros.
Por otra parte, el Programa 62 prevé transferir al sector privado 1.900 millones de pesos en concepto de apoyo al transporte ferroviario y subterráneo de pasajeros para gastos corrientes, y 1.200 millones para gastos de capital.
El Programa 74, “Formulación y Ejecución de Política de Energía Eléctrica”, prevé transferir al sector privado 6.750 millones de pesos.
Frente a ello decimos que no podemos actuar de esta manera transfiriendo estos subsidios que no van a la gente, como todos saben. En ese sentido, desde la Unión Cívica Radical -junto con el señor diputado Nieva, los senadores Morales y Sanz, y otros- hemos denunciado a este señor Jaime por manejo discrecional y abusivo, así como por la comisión de distintos delitos. Hemos hecho la presentación y lo denunciamos en la justicia penal de la República Argentina.
En este sentido esperamos que con la asignación de recursos prevista en este presupuesto puedan llevar a cabo las investigaciones necesarias, porque no podemos seguir en esta situación en la que funcionarios de la calidad de Jaime colocan los recursos de los argentinos en manos de cualquier amigo y no los destinan, justamente, a llevar adelante una política de transporte que le sirva a la República Argentina, a sus trabajadores, productores, industriales y empresarios.
No estamos aquí para ponerle palos en la rueda al proyecto del presupuesto elevado por el Poder Ejecutivo. Por eso es que le remitimos nuevamente este proyecto de presupuesto al Poder Ejecutivo para que lo reformule sobre bases serias, sólidas, objetivas y reales. (Aplausos.)
Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por Córdoba.
Sr. Aguad.- Señor presidente: no me caracterizo por ser chicanero pero la verdad es que la parábola del helicóptero frente a la parábola de Palermo, con los chacareros llenando cuadras y cuadras y derrotando al gobierno en el Senado, podría ser una buena chicana para decir “terminemos entre nosotros y tratemos de construir un país mejor entre todos”.
Es una lástima que no haya diálogo en la Argentina y que este recinto sea la única oportunidad que tengamos para discutir los problemas que más le interesan a nuestro país. A pesar de lo que nos dicen, desde este bloque siempre hemos tratado de hacer aportes y expresar nuestra visión del mundo y del país de acuerdo con lo que pensamos y creyendo que eso va a ser una contribución para nuestra Patria.
Todos los años he venido escuchando esta parábola del empleo, de la pobreza, de la desocupación y del crecimiento, y en todos estos años hemos venido diciendo que es cierto que hubo cifras que han mejorado en la Argentina. Pero créame, señor presidente, que esto ya forma parte del pasado y que hoy estamos en otro escenario. Desgraciadamente la señora diputada miembro informante no nos advirtió sobre el escenario real en el que nos encontramos.
Veamos los datos del verdadero escenario en el que hoy se encuentra la Argentina, comparando los dos últimos trimestres, que es lo que vale para medir la realidad del país. En los últimos seis meses la inversión bruta, la que va al aparato que genera trabajo, decreció un 50 por ciento. En el primer trimestre la Argentina vio crecer su inversión bruta en un 20 por ciento, y en el segundo trimestre esa inversión descendió al 11 por ciento, es decir que decreció un 50 por ciento.
Otros datos son los siguientes. La generación de empleo en la Argentina se detuvo en agosto de 2007. En la balanza de pagos con Brasil, este año el déficit aumentó a 4 mil millones de dólares. Quiero recordar que en 2003, cuando asumió este gobierno, la balanza comercial con Brasil generaba un superávit de 300 millones de dólares, y hoy –reitero- hay un déficit de 4 mil millones de dólares.
Y agrego un último dato: cerraremos con un récord de déficit en la balanza comercial industrial -bienes que importamos con valor agregado- de 30 mil millones de dólares.
Estos son los números que revelan que estamos frente a una crisis anterior a la crisis mundial. La crisis mundial es posterior a estos números. La Argentina ya estaba en crisis hace tres meses, y estos son lo números que la reflejan.
Pero vamos a ponerle condimento a los números. Lo importante de un país como el nuestro es que logremos producir lo que consumimos. Ese el desafío de la Argentina. ¿Y qué consume la Argentina para decir que hemos producido lo que necesitamos consumir? Fundamentalmente, empleo. Ese es el paradigma, el número, el dato: trabajo, que genera salario. Si hubiera pleno empleo en la Argentina esto significaría que los argentinos podrían adquirir todos los bienes que se producen en el país, incluso los provenientes de la importación. El déficit de este significado que es el empleo importa que la Argentina, por no producir lo que consume, tenga que endeudarse, producir dinero o depender -como en este caso- de las exportaciones de productos primarios cuyos precios tampoco fijamos nosotros.
Si no se entiende que este es el problema discutiremos miles de años sin ponernos de acuerdo. Para que la señora diputada lo entienda, 30 mil millones de dólares de déficit en la balanza industrial significan 300 millones de horas de trabajo. Ese es el problema: cuanto más grande es el déficit de la balanza industrial más grave es el problema de la Argentina.
Nuestro país importa por 63 mil millones de dólares y exporta por 78 mil millones de dólares. Imagínense las horas de trabajo que compramos al extranjero cuando importamos por 68 mil millones de dólares. Ustedes me podrán decir “sí, pero exportamos por 78 mil millones de dólares, es decir que hay un superávit en la balanza comercial de 11 mil millones de dólares”. Es cierto, pero lo que nosotros importamos no es lo mismo que lo que exportamos.
En nuestra matriz de exportación no viene el trabajo de nuestra matriz de importación. Nosotros importamos bienes industriales de altísimo valor agregado y exportamos recursos primarios donde no existe esa matriz diversificada del desarrollo, la producción, el trabajo y el salario. Esto es lo que hay que discutir. Todo lo demás son chicanas, no procura buscar un acuerdo sensato para la Argentina. Nosotros tenemos que ponernos de acuerdo.
Cuando uno dice que el país perdió la oportunidad, que la oportunidad ya pasó, ¿por qué pasó? No porque la soja valiera 600 dólares. Es cierto que los 600 dólares de la soja y los 150 dólares del barril de petróleo nos daban la oportunidad de impulsar una obra pública o crédito al aparato productivo que nos empezara a sacar del subdesarrollo. La oportunidad que se ha perdido es porque la Argentina no ha recuperado la actitud de abandonar el subdesarrollo.
El subdesarrollo –créame, señor presidente- es una renuncia a desarrollarse. El desarrollo es una decisión de Estado que requiere conocimientos, aptitud, impulso, y un país que se pone de acuerdo para alcanzarlo. Por eso es imperdonable que en estos cinco años no hayamos reconstruido la matriz de actitud que necesita la Argentina para abandonar el subdesarrollo.
Tuvimos la oportunidad porque el mundo nos puso frente a ella. La mala noticia es que el tren partió, estamos en el andén y estamos como estábamos, ya no generando puestos de trabajo, aumentando el valor de nuestras importaciones industriales y sin generar la riqueza que cada discurso de la presidenta revela como que ésta finalmente terminará siendo una gran gestión discursiva.
Cuando la señora presidenta inauguraba ayer una universidad en la provincia de Río Negro y hablaba de esa combinación estratégica entre la educación y el trabajo, yo me decía para adentro: qué lastima que no hayan tenido la valentía de llevar adelante ese discurso.
Hace cinco años que escucho lo mismo y hace cinco años que el mismo reproche se hace desde esta banca. Tengo un profundo respeto por el señor diputado Snopek, pero es cierta la impugnación que se le hace a este presupuesto desde todas las bancadas.
En años anteriores se falseaba la recaudación y ahora se falsea la nueva realidad en la que nos ha colocado el mundo. Esta situación de crisis mundial no permite de ninguna manera cumplir con las pautas que este presupuesto trae en su seno. Esto es así porque no es posible llegar a la pauta de crecimiento del 4 por ciento por las nuevas condiciones.
El aumento de la recaudación del 5,7 por ciento no será tal por el menor ingreso de las retenciones y por haber caído los precios internacionales. En cuanto a esos precios, durante mucho tiempo dijimos que la Argentina no puede impulsar o iniciar el camino si dependemos de esos precios.
Los precios cayeron porque no tenemos nada que ver con su formación, y ahora vamos a pagar las consecuencias.
El superávit fiscal primario de 3,27 por ciento del PBI es inalcanzable con las cifras que acabo de dar. El tipo de cambio de 3,19 será muy complicado de mantener con la actual situación de crisis internacional, teniendo en cuenta además que Brasil, nuestro principal destino de las exportaciones, devaluó su peso en un 40 por ciento y Chile lo hizo en un 35 por ciento.
Obviamente el superávit fiscal de 12.000 millones de dólares también es una cifra inalcanzable. Si estas son las cifras que están en el presupuesto, obviamente hay que cambiarlo, porque cuando este instrumento fue enviado al Congreso de la Nación la crisis mundial que produjo todos estos resultados no estaba vigente.
Entonces, la pregunta sería cuál es la razón por la que el oficialismo pretende que aprobemos algo que ab initio es falso o que cuyas pautas no se pueden cumplir.
¿Cuál es la razón por la que nosotros estamos obligados a acompañar un plan de gobierno que de ninguna manera se puede cumplir? Esta es la pregunta que hay que contestar, y además, ¿cómo hacemos para superar la crisis dentro del actual panorama internacional?
Si desconocemos nuestra propia crisis, la del aumento de nuestro déficit de la balanza industrial, si nosotros entendemos que la Argentina no impulsó en los últimos cinco años las inversiones que el país necesita y si además comprendemos que nos quedamos sin nuestra matriz energética fundamental porque estamos importando petróleo y gas, si no discutimos sobre estas cosas, bueno, la Argentina está gobernada por un grupo de personas que no considera de su misma condición a los que tiene enfrente. (Aplausos en las galerías.) Este es un error gravísimo, para entender y comprender la realidad en la que tenemos que transitar.
Una señora diputada dijo que la Argentina tiene un fantástico proyecto federal de inversiones hasta el año 2.016. Me gustaría saber si piensan gobernar hasta ese año, porque el próximo gobierno puede cambiar esa matriz que impulsaron en soledad.
Para que las políticas tengan viabilidad tienen que ser acordadas y consensuadas. La sociedad, a través de sus ejecutores políticos, se tiene que poner de acuerdo para elaborar las políticas de Estado.
No hay plan del bicentenario si en la mesa no están sentados todos los actores para acordar las políticas que se deben impulsar en el país por los próximos cincuenta años. (Aplausos.)
Es imposible pretender que la pauta de un gobierno sea acatada por el gobierno que sigue, y más aún cuando puede cambiar el signo partidario. Para que comprendamos lo ridículo de este planteo, hace ocho años en la Argentina gobernaba el menemismo, con una matriz absolutamente distinta a la del actual gobierno. ¿Qué podemos garantizar si un mismo partido político presenta dos proyectos distintos para la Argentina? (Aplausos.)
Y en esta crítica también hago una autocrítica: nosotros tendríamos que haber impulsado un mismo proyecto nacional. Vuelvo a repetir que ponerse de acuerdo significa respetar las reglas de juego, y estas están contenidas en las instituciones.
De nada sirven las leyes ni los fallos judiciales si no son ejecutadas y acatados. Quienes ejecutan son las instituciones; si desvalorizamos la función del Congreso y de la Justicia y sobredimensionamos a un poder del Estado, difícilmente lleguemos a alcanzar la calidad institucional que el país reclama.
El segundo punto que deseo remarcar es la certidumbre que el país debe dar a quienes quieren invertir en él para que las inversiones sean atractivas y seguras.
La Argentina va a necesitar mucho de la certidumbre que este gobierno no ha podido dar en los últimos cinco años por falta de acuerdo político. El presupuesto que el oficialismo va a aprobar es una muestra acabada de la falta de certidumbre.
Para este gobierno el presupuesto es un inconveniente; no lo ve como una herramientas estratégica y fundamental para impulsar el desarrollo del país.
Quien falsea cinco presupuestos en más o en menos, por omisión o por lo que fuera, lo que hace es despreciar esta herramienta y considerar que constituye un inconveniente para la marcha del país. Este es un error significativo ya que en el presupuesto debe estar el plan de gobierno y la certidumbre que se necesita para gobernar. Ahí aparecen los números de la economía y las metas que se deben cumplir; y por allí se debe transitar para cumplirlas. No me refiero a las metas del gobierno, porque él las establece pero el país es quien tiene que cumplirlas y llegar a destino.
Si el país tiene certidumbre y metas claras habrá inversiones, trabajo y actitud de colaborar positivamente para sacar a la Argentina de estas crisis recurrentes.
Es cierto que este gobierno no inventó la crisis y es cierto que heredamos setenta años de desencuentros; esa es la palabra que tenemos que advertir. De nada sirven los discursos altisonantes que enfrentan a unos contra otros: el helicóptero, la valija, etcétera. De nada sirven si no tratamos de comprender que en la Argentina el diálogo, la búsqueda de consenso y el terminar con los desencuentros es la única manera de superar las crisis.
Esta crisis mundial nos va a dar otra oportunidad: nos va a dar la oportunidad de que todos los países civilizados busquemos un acuerdo para enfrentar la crisis, que es de credibilidad. Esta crisis mundial es de confianza.
Hemos estado hablando durante los últimos cinco años de la confianza que necesitamos en la Argentina para crecer y desarrollarnos.
Por distintas razones, hoy el mundo sufre una crisis fenomenal.
La única manera que existe de volver a encauzar el rumbo es generando confianza. ¿Qué han hecho los gobiernos civilizados para generar confianza? Se pusieron de acuerdo. Todos los países europeos, Estados Unidos, Canadá, los países que han sacado ventajas de nuestros desencuentros, se han puesto de acuerdo. En la peor crisis acordaron. Nosotros, en la peor crisis, nos separamos y no acertamos en encontrarnos. De nuevo se produce la matriz del enfrentamiento.
Para superar esta crisis larguísima la Argentina necesita, además del reencuentro, implementar políticas activas que regeneren la confianza en este país y que ello sirva para recrear las inversiones que el país necesita para generar puestos de trabajo.
El valor más importante que pueden exhibir las naciones del mundo, incluso las más desarrolladas, con mayores o menores salarios, es tratar de achicar la brecha que genera la matriz industrial. El objetivo del país debe ser producir más adentro para generar más trabajo y comprar menos afuera. Cada vez que compramos un auto brasileño, por más que no les guste, estamos pagando salarios brasileños. La pretensión es que paguemos más salarios de los argentinos. En ese rumbo encontraremos el desarrollo.
Señor presidente: con una exhortación al diálogo y a pactar una política de Estado, terminando con presupuestos que nada dicen sobre lo que va a hacer la Argentina el próximo año, desde el bloque de la Unión Cívica Radical adelantamos nuestro rechazo al proyecto de ley de presupuesto. (Aplausos.)
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